04 De Cuarto pelado a Alcalá de la Selva2018-12-04T17:02:47+00:00

Ruta 04

De Cuarto pelado a Alcalá de la Selva

“Me llevaron gentes del pueblo,
gentes jóvenes enzarzadas
en aupar su tierra
tan maltrecha y abandonada.”

Villaroya de los Pinares

Regresamos al Puerto de Cuarto Pelado para dirigirnos hacia Villarroya y Allepuz, bajar por los nacimientos del Guadalope y del Alfambra hasta Alcalá de la Selva, y alcanzar Mora y Rubielos de Mora. Desde el alto del puerto ves ya Fortanete y la vega que recorre el río Pitarque. El puente medieval que lo cruza es el inicio de una ruta, si el visitante es valiente, que nos lleva hasta los restos del castillo del Cid. Al llegar a Fortanete debemos detenernos en su amplia plaza y el conjunto formado por la iglesia de la Purificación y el Ayuntamiento renacentista del XVI, siendo muy reseñables los arcos del pórtico de la iglesia y las pinturas al fresco de la fachada del Ayuntamiento. Cercano a ellos, el palacio de los duques de Medinaceli, también del s. XVI.

Dejando atrás Fortanete, la carretera asciende el Puerto de Villarroya rodeado de espesos bosques hasta alcanzar Villarroya, sobre las aguas del río Gudalope. Ya había estado José Antonio en esta localidad turolense. Una primera vez con su hermano Miguel. La segunda fue arrastrado por gentes del pueblo tras un concierto en Jorcas, “gentes jóvenes enzarzadas en aupar su tierra tan maltrecha y abandonada”. Predominan, sobre un cerro, los 18 metros del torreón de Villarroya, ligado a la Orden del Temple y posteriormente a la Hospitalaria. Fue construida en el s. XV sobre una anterior y es lo único que se conserva del castillo. Hoy hace las veces de torre campanario, muy alejada de la iglesia parroquial de la Asunción, un edificio gótico del s. XV de una sola nave, con cabecera y logia de tres arcos renacentista del siglo XVII. Se mantiene la casa de los Peñas, un gran caserón barroco del siglo XVII que fue residencia del Obispo Francisco Peña, uno de los personajes más relevantes de la jerarquía eclesiástica de finales del siglo XVI.

De Villarroya se va a Allepuz. A escasos kilómetros un desvío nos avisa de la cercanía de Miravete de la Sierra. Aunque fuera de nuestra ruta, resulta aconsejable realizar el trayecto que recorre el desfiladero abierto por las aguas del Gudalope, y alcanzar el pueblo con el afán de contemplar la iglesia de  Nuestra Señora de las Nieves o de penetrar en la porticada plaza del Ayuntamiento. Fue en Miravete donde por primera vez “las gentes del Bajo Aragón se reunieron… para que todos tomásemos conciencia de la agonía de la provincia completa”. Tampoco queda lejos Jorcas, “donde tengo tantos trozos de corazón repartidos con los amigos”. Llegados a Allepuz cogeremos el camino hacia Alcalá de la Selva, entre las sierras de la Moratilla y Gúdar, disfrutando “de la suavidad del paisaje y la dulzura del camino”. Aunque Alcalá de la Selva debe su fama a las cercanas pistas de esquí de Valdelinares, su casco urbano “merece un recorrido menudo, desde la pequeña y hermosa capilla existente a la entrada del pueblo, hasta la plaza de la fuente y de la iglesia“, amplio templo gótico renacentista del siglo XVI dedicado a San Julián y San Judas. En lo alto, dominando todo el paisaje, el restaurado castillo de los Heredia.

Al salir de Villarroya paramos en Santuario de la Virgen de la Vega del s. XVII, en la cabecera del río Alcalá, en una zona muy urbanizada.

Galería fotográfica

Destacamos

Camino de los Pilones

Tramo del camino real que unía Teruel y las poblaciones del Levante a través del Maestrazgo turolense. El Camino de los Pilones es un recorrido de 6 kilómetros que se conserva en toda su extensión entre Villarroya de los Pinares y Allepuz marcado por hitos separados entre sí a una distancia de 30 ó 50 metros y que permitía no perderse en la niebla o con la nieve. En la actualidad se conservan un total de 113.

Santuario de la Virgen de la Vega

A escasos kilómetros de Alcalá de la Selva se encuentra el santuario de la Virgen de la Vega. Templo de estilo barroco construido en el siglo XVIII, que combina sillería y mampostería. Destacan las pinturas murales de las bóvedas del siglo XIX. De aquí parte uno de los accesos a las pistas de esquí de Valdelinares lo que ha convertido el lugar en enclave turístico.